AH KIM PECH ORIGEN E INFINITO ESCULTURA PÚBLICA EN CAMPECHE

 

BAQ2018 
TEORÍA, HISTORIA Y CRÍTICA DE LA ARQUITECTURA, URBANISMO Y EL PAISAJE
MEXICO
AUTOR: Carlos Alfonso de Jesús Domínguez Vargas

En el universo complejo de las ciudades mayas en medio de la bruma bajo la visión onírica y mitológica de fray Bartolomé de las Casas, se devela un principio escultórico que emerge del espíritu urbano de Ah-Kim-Pech desde su origen, con forma de serpiente gigante representando al dios Kukulkán y que en el transcurso de casi cinco siglos ha “cambiado de piel” cobrando vida en esculturas de gran escala física o simbólica, generando redes como ente articulador del sistema de espacios públicos que subyacen en el imaginario de sus habitantes.

Al caer Ah-Kim-Pech ante la Conquista española, las ambiciones internacionales europeas derivaron en incursiones piráticas que impulsaron la construcción de una muralla inexpugnable. La urbe quedó atrapada en su hexágono pétreo y su inexorable destino: riqueza, fuego, sangre y muerte, esculpiendo la consciencia de una sociedad afincada en su pasado como herencia histórica, una burbuja de tiempo, una cuota trágica que la indujo a un sueño eterno.

En los años sesenta del siglo XX, el proceso de modernidad de una manera abrupta hace despertar del sueño a Campeche con el proyecto urbano y arquitectónico de Joaquín Álvarez Ordóñez, cargado de una fuerza escultórica que monumentalizó la ciudad capital. En su diseño transgresor, para su tiempo, nace la metáfora de hermandad nacionalista de Ah-Kim-Pech y Tenochtitlán plasmada en piedra y concreto, bajo los cánones de la arquitectura y urbanismo internacional.

A fines del siglo XX e inicios del XXI la globalización ha transformado la ciudad de manera vertiginosa, bajo el nombre de San Francisco de Campeche, donde sus esculturas públicas han experimentado un reto contemporáneo, ¿tendrán que “morir” siendo demolidas?, o ¿renacerán como el “ave fénix” con nuevos rostros y como faro que ilumine hacia un futuro urbano promisorio?, la revelación de la incógnita permanece aún oculta hasta nuestros días.

San Francisco de Campeche significa un “prototipo”, como eje de análisis del modelo metodológico propuesto para interpretar la morfogénesis y estructura de las ciudades mexicanas, originada en la existencia simbólica y primigenia de un ídolo pétreo como representación mítica de los dioses mesoamericanos, entes divinos que transitan en un proceso metamórfico, como esculturas públicas, bajo el discurso del poder en la ruta del tiempo desde su origen, quizás…hacia el infinito.