CASA LABARRA

BAQ2018
CATEGORÍA DISEÑO ARQUITECTÓNICO
CHILE
Autor: Yair Estay Contreras. Colaboradora: Fabiola González B.

Es indudable el gran momento por el que pasa actualmente la arquitectura nacional, las obras realizadas desde el celebrado pabellón para la «Expo’92» de Sevilla, han permitido mantener a Chile visible en el contexto internacional. Pero si vemos más allá de las obras recientes realizadas en el país que son publicadas masivamente en medios impresos o digitales nos encontraremos que la mayoría están destinadas a los habitantes pertenecientes al quintil de ingresos ABC1, es decir, al grupo de personas con más ingresos pero que representan solamente el 10% de la población total. En cantidad inferior -pero igualmente con alta difusión- se encuentran aquellas obras destinadas a la población perteneciente al quintil con menos ingresos, que casualmente es también representativo del 10% de la población.[1] 

¿Esto quiere decir que actualmente en Chile los arquitectos no proyectamos para el 80% de la población?

Si bien esta situación es reconocida por la mayoría de la disciplina, valdría la pena entonces más bien preguntarse por qué las obras realizadas para las clases medias y medias-baja de la población no forman parte de la discusión arquitectónica nacional. Una razón del por qué esto no está sucediendo puede deberse al tipo de encargo que usualmente demandan aquellos que se encuentran en los quintiles C2, C3 o D: remodelaciones o ampliaciones de inmuebles con bajos presupuestos para su ejecución y con limitadas posibilidades para realizar exploraciones formales o materiales.

La Casa Labarra (2015-2016) es una obra de la serie e investigación Encargos Comunes, que solamente pudo ser realizada gracias al contacto que existía entre la oficina taller25 (Yair Estay + Fabiola Gonzalez) y la familia Labarra. El proyecto consistió en el diseño y construcción de una vivienda unifamiliar de un piso en un terreno de 7X35 m2 ubicada en la comuna de Lo Prado, Santiago; para el cual no solo se debió prestar atención a los aspectos formales o materiales propuestos, sino a la manera en que este se ejecutaría y gestionaría. A partir de esta experiencia positiva, taller25 ha establecido un “laboratorio” que les permite seguir explorando sobre las posibilidades de expansión y crecimiento de las viviendas en los “típicos” barrios residenciales del pericentro y periferia de Santiago.

Bajo la hipótesis de que la primera instancia para que esta producción arquitectónica se pueda incorporar al debate disciplinar consiste en que los arquitectos (como en el caso de la Casa Labarra) abordemos la realización de este tipo de proyectos, el objetivo de Encargos Comunes, como plataforma en la cual se pueda vincular a la población -especialmente aquellos de clase media y media-baja- con la arquitectura como catalizador de estas problemáticas.

La desconexión entre los arquitectos y la mayoría de la población del país no solo es una gran deuda, sino una situación que no debería admitir más postergación.

[1] Juan Pablo Corvalán, «Un comentario: ¿Cuál arquitectura chilena?», CA 143 (2011): 69.