COLEGIO VICENTE ROCAFUERTE

BAQ 2018
CATEGORÍA REHABILITACIÓN Y RECICLAJE
ECUADOR
AUTORES: Jean Paúl Demera Vélez, Juan José Perero Avedaño, Nguyen Ernestro Baca

El Colegio Vicente Rocafuerte, fundado en 1841 en las calles Clemente Ballén y Chile. Luego del incendio de 1896 se trasladó a su ubicación actual. El edificio principal, de estilo Art Decó; fue diseñado por el ingeniero Pedro Fontana y arquitecto Hugo Faggioni y construido en el año 1935, en las actuales calles Lizardo García y Aguirre.

Emplazado en un terreno de 60.019m2, antes de la intervención, contaba con 21.650m2 de área construida; convirtiéndolo en uno de los complejos educativos secundarios de mayor tamaño del país.

El colegio poseía un equipamiento notable que incluía: piscina, laboratorios, biblioteca, estadio, coliseo, gimnasio, auditorio, aulas, oficinas, patios; todos en evidente deterioro. Parte de la calle Vélez fue quedando atrapada dentro del perímetro del colegio, que creció y enclaustró con ello las taras de la ciudad (desorden, preponderancia del automóvil, caos, escaso arbolado). Los recintos interiores cerrados y compartimentados, en búsqueda de una falsa seguridad otorgada por rejas y muros que acrecentaron la percepción de abandono, consiguiendo con ello falta de control sobre la disciplina y actividades de los estudiantes.

Las instalaciones fueron declaradas en emergencia en 2014. Se contó con cuatro meses para desarrollar el proyecto de intervención y un año para la ejecución de la obra. Fueron rehabilitados integralmente 24.103m2 de edificios y 42.420m2 de áreas exteriores.

El colegio está inventariado como patrimonio cultural y es contenedor de obras de arte, equipos y espacios de gran valor arquitectónico; por esto, como premisa se estableció la recuperación de su estabilidad estructural, imagen, características espaciales y ornamentación. El recibidor principal y su escalera magna, el auditorio, gimnasio, rectorado, secretaría, biblioteca, museo, patios y áreas deportivas, muestran varios de los espacios mejor concebidos de la época. Adicionalmente, se liberó al edificio principal de un piso añadido en 1980 que, aunque respetaba la morfología, introdujo sobrecarga a la estructura y cambió radicalmente las proporciones del diseño original. Los otros inmuebles de aulas fueron integrados formal y cromáticamente.

El coliseo pasó de ser un espacio clausurado a convertirse en un ambiente acogedor, abierto, comunitario y colorido. El estadio y piscina se volvieron áreas accesibles y los parqueos se incrementaron y relegaron a áreas discretas. La rehabilitación del edificio de los antiguos laboratorios (1943), con el mayor deterioro detectado en el conjunto, fue substancial y se convirtió en una escuela Manuela Espejo, para niños con capacidades especiales y un espacio de luz y color.

El reto funcional principal: lograr la unidad e integración del conjunto, con un mínimo de cierres transparentes; para lo cual se liberó al complejo de una buena cantidad de cercas y construcciones precarias. Se diseñaron las áreas exteriores de manera radial-concéntrica, a partir de la rotonda frente al ingreso del edificio principal, donde se levanta el busto de Vicente Rocafuerte, que funciona como generatriz del trazado y elemento de fuerte simbolismo. Con todo esto, el conjunto se integra plenamente, los espacios exteriores se tornan en una gran plaza arborizada, incluyente, sin barreras, donde los estudiantes pueden circular y desarrollarse libremente y con seguridad.