DONCELES Y CALLEJÓN HÉROES DEL 57

BAQ 2018
CATEGORÍA REHABILITACIÓN Y RECICLAJE
MEXICO
AUTORES: Gerado Boué, Boué Arquitectos Iturriaga

En 1942 se concluyó la construcción de un edificio de oficinas en la calle de Donceles y Callejón Héroes del 57, en el centro histórico de la Ciudad de México. Su ubicación, resulta ser un privilegio para un centro laboral: a una cuadra del Eje Central Lázaro Cárdenas y a la espalda del Museo Nacional de Arte. Sin embargo, el paso de los años fue sumando causas como los desplazamientos que provocó el sismo de 1985 donde el temor obligó a salir de esta zona y con ello, esta edificación quedó inmersa en un proceso de deterioro que lo llevó a perder su relevancia en el tejido de la ciudad.

Atentos a este tipo de obras existentes que esperan una segunda oportunidad para renacer, Boué Arquitectos descubrió que este edificio contaba con todas las cualidades para ser intervenido, una excelente oportunidad de revitalizar su contexto inmediato y para ofrecer un proyecto integral que se sumara a la iniciativa de reactivar y poblar el sector con vivienda.

De la mano y en sincronía con esta visión, en 2014 autoridades capitalinas a través de la Autoridad del Espacio Público y el Fideicomiso del Centro Histórico comenzaron una serie de acciones para revitalizar las calles que conforman esa esquina, lo anterior resultó ser el marco idóneo para materializar esta iniciativa ampliamente estudiada por inversionistas, el equipo de arquitectura y el de desarrollo inmobiliario de la firma.

De este modo, primero se anunció que el Callejón Héroes del 57 se reordenaría, se convertiría en una calle compartida, que sus banquetas serían remozadas además de iluminadas, liberadas de quienes las tomaban como estacionamiento por la noche y las fachadas de varios edificios existentes serían intervenidas (algunas siguen en proceso de mejora). Lo anterior, después de meses se materializó logrando que los comercios de barrio (loncherías, fondas, restaurantes y bares) permanecieran ahí y se mantuviera la actividad pública de la zona, una atmósfera de barrio tradicional donde se combina la actividad turística con la actividad cultural.

Con esa iniciativa consumada por parte de las autoridades, se dio la oportunidad para comenzar a trabajar en un proyecto de vivienda ya estudiado que había pasado por la aprobación de todas las autoridades responsables. Con ello se configuró la estrategia para adaptar en él 18 departamentos —con superficies que oscilan entre 40 y 95 m2— además de cinco locales comerciales en planta baja: nueva vida para un edificio ecléctico con pocas ornamentaciones y un característico acceso construido bajo los cánones estereotípicos de los órdenes clásicos. Detrás de él, un lobby sobrio con acentos de madera y herrería que reciben a los habitantes de este edificio para conducirlos al sistema de circulaciones verticales (elevadores o escalera de servicio).

En el interior de cada piso se reacondicionó a nivel constructivo cada uno de los espacios para generar amplios corredores, dominados por un patio interno que funciona como punto de reunión y área de descanso donde un tapete de tabiques de barro rojo acentúan este lugar a la sombra de un árbol. El diseño realizado permite que además de departamentos en un solo nivel se incorporen departamentos a doble altura tomando ventaja del sistema constructivo realizado a base de losa cero permitiendo que las circulaciones se den de forma interna en diversos sistemas: escaleras de caracol, rampa lineal, con descanso, entre otros.

Cada departamento hace uso de una paleta de materiales muy específica y en colores neutros para propiciar amplitud visual, vinculada a una arquitectura limpia con nulos recursos escenografías que permite apreciar las bondades de la construcción original, al tiempo que propicia —y ha exigido— una intervención respetuosa con la preexistencia. Lo anterior es uno de los hilos conductores de los más de 1,330 m2 de construcción intervenidos.

Coronando el proyecto, un roofgarden ha sido habilitado como área común para todos los huéspedes. Esta azotea naturada con vistas hacia edificios históricos, está dispuesta en dos niveles distintos producto de la arquitectura original, sin embargo se ha buscado que cada sector adquiera una personalidad más íntima o más pública sin que se disgregue todo este espacio abierto.

Preocupados por la imagen nocturna y la forma en que el edificio debe procurar la calle, la iluminación juega un papel prioritario no solo para el edificio sino para su condición de esquina, desde la cual es posible observar cómo el edificio ha sido puesto en valor y está siendo habitado a través de sus balcones, las ventanas y los elementos estructurales que, destacando iluminan la calle, trasmitiendo seguridad al transitar en ella y convirtiendo un edificio discreto en un referente para las calles de esta zona de la ciudad.