EL CAMAROTE

BAQ2018
CATEGORÍA DISEÑO ARQUITECTÓNICO
SELECCIONADO NACIONAL BAQ2018
ECUADOR
SEBASTIAN CALERO LARREA

El Camarote es una vivienda de bajo costo ubicada en las afueras de la ciudad de Quito. Está implantada en un sector que a mediados de los años 70’ era bastante rural, rodeado de vías angostas y grandes maizales. Actualmente, el contexto de campo y paisaje rural ha cambiado radicalmente a causa del desarrollo y percepciones erróneas de modernidad. Así, el proyecto busca reconstruir la idea de una arquitectura lugareña que poco a poco se ha borrado a causa del acelerado crecimiento inmobiliario, reemplazado a su vez por una tipología habitacional intrusa y en serie, que ha exterminado el imaginario de campo.

Lo rural, impreciso y artesanal de los vestigios del sector es el gran repositorio de ideas para experimentar con una arquitectura de pequeña escala y ligada a este paisaje vulnerable. En esta geografía residual se intenta decodificar texturas y colores, así como construcciones anónimas que componen un atlas visual de singularidades. El resultado es una vivienda compacta que dialoga con la memoria y los materiales locales.

El Camarote, es el nombre que en el transcurso del proceso adquirió el proyecto, en especial por su aproximación a los habitáculos de viaje donde todo es compacto, público y fluido. La propuesta está compuesta por dos plataformas de hormigón separadas del piso, un esqueleto ligero de madera y una piel mixta (ladrillo, madera, metal y vidrio) que, a manera de empaque, sella la vivienda. Esta envolvente esconde en su interior una topografía de espacios, que diferencia las áreas públicas de las privadas. El resultado final es un objeto rústico y multifacético, con muchas sorpresas, que dialoga intensamente con el exterior mediante los vacíos, las aberturas y los flujos de movimiento.

La relación del interior con la vegetación, y la fusión entre estructura, piel y espacio, siempre bajo la guía de la manufactura de pequeños detalles, son los principales logros del proyecto. Como consecuencia surge un gran atlas de piezas y mecanismos singulares que son parte esencial de este proyecto. Estas condiciones artesanales imprimen a la vivienda una atmósfera de calidez y domesticidad, muy propias de una casa de campo. 

El proceso de imaginar la casa ha sido una experiencia constante de reflexión e indagación. Por una parte, entender el impacto de una tipología serial, invasiva y deshumanizada que actualmente está presente en el valle y por otra, tratar de rescatar una memoria arquitectónica silenciosa aún existente en los alrededores. Con ello, el camino de pensar, sistematizar y construir la obra fue bastante experimental e intuitivo. El resultado, como tal, es un laboratorio de preguntas y respuestas.