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EXPERIENCIA CHACARITA

Premio Mundial Franja
Portada
BAQ 2020
PREMIO MUNDIAL | HÁBITAT SOCIAL Y DESARROLLO
PARAGUAY
AUTORES: M+ Estudio de Arquitectura y Diseño SRL, Sra. Paola Moure, Equipos de trabajo conformados para la BIAU por curadores y equipos locales.


Estos proyectos fueron propuestos en el marco de la IX bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (BIAU), realizada en Asunción, en octubre de 2019.

Cabría verlos, así como conjunto, como totalidad complementaria orientada a la consolidación del espacio público de la Chacarita, un barrio popular que contorna la bahía que forma el río Paraguay frente a la capital.

“Ciudades Invisibles”

Tenido como uno de los asentamientos más antiguos de Asunción (sus orígenes se remontan al siglo XVI) y aun colindante con centro administrativo de la ciudad; la visibilización socio-física de esta de esta colectividad sin embargo no ha corrido pareja a su protagonismo histórico y locacional.

Por el contrario: a lo largo del tiempo (dada su condición popular) el ‘corte’ socioeconómico no ha hecho mas que acompañar y aun enfatizar excluyentemente el corte físico-topográfico, dado que la Chacarita -mayormente- se ubica en una zona baja, sujeta a inundaciones periódicas del río Paraguay.

Al margen de los complejos factores que han intervenido en este proceso de invisibilización, lo concreto es que las crecientes demandas de diverso orden en la Chacarita (servicios urbanos básicos, alojamiento, espacio público, conectividad, etc.) obligan a re-pensar cuestiones que ya no pueden ser ignoradas.

O, al menos insta a que el deseo de alguna mínima incidencia de lo colectivo en la ciudad (disciplinaria/proyectual en este caso) no las ignore. En ese sentido los datos duros no son precisamente alentadores: demográficamente la Chacarita constituye el 50% del centro de Asunción y -más ampliamente- uno de cada cinco habitantes de la ciudad se ubica en zonas rivereñas inundables.

“Más allá del principio del place(bo)”

Las citadas demandas, sumadas a la anomia social emergente, han motivado acciones recientes algunas, impulsadas desde diversos lugares. En general ambiguas las del Estado, ya que tanto hubo allí proyectos de integración social como de gentrificación; con lo que su accionar, su alcance efectivo, resultaría poco menos que equiparable un ‘placebo urbanístico’, por llamarlo así.

La sociedad civil por su parte (excluida la especulación inmobiliaria) quizás ha abordado el problema con mayor cuidado, tanto desde ONGs como desde la academia; naturalmente, en la medida de sus posibilidades, dado que la reversión de estos déficits no puede escindirse del poder político, ajeno en gran medida a la incidencia de estos últimos sectores mencionados.

En esta perspectiva, al enfoque de la mencionada bienal (el marco posibilitante de los proyectos según se señaló) cabría atribuirle un positivo discernimiento en lo que hace a un par de cuestiones complementarias y no menores.

En primer lugar, se propusieron acciones materializables (más allá del evento), efectivamente orientadas a la consolidación identitaria de la Chacarita, centrándose en sus espacios públicos y asumida -claramente- la limitación de su escala; aunque no por limitada inocua en tanto oferta (y concreción) efectiva de diseño ante demandas muy básicas y urgentes.

Por otra parte, convergentemente, el enfoque buscó visibilizar (o aun poner en contacto, en la medida de lo posible) una realidad urbana ignorada (u obliterada) sin por eso incurrir en la espectacularización de la necesidad ajena (y en ese sentido no resultaría ocioso recordar que tomarse “selfies con los pobres” -dicho esto figurada y literalmente- resulta también un recurrente “placebo” para “curar” la mala consciencia).

Taxonomía esquemática (“casilleros”)

Yendo a las propuestas en sí (enfocadas complementariamente en el espacio público), se señaló de manera preliminar, esquemática y no taxativa, cabría ensayar una suerte de ordenamiento programático/funcional de las mismas (o, más modestamente, bocetar algunos posibles “casilleros”).

A algunas cabría verlas conectivas, de articulación e integración entre la ciudad alta (la “formal”) y la Chacarita. Otras se orientaron a la infraestructura y servicios; o bien a la calificación de los lugares desde lo paisajístico, ya que diversos cauces y arroyos que cruzan el barrio ofrecen un potencial escasa o nulamente explorado a la fecha (de hecho, estos “casilleros” resultan más bien una cuestión de sesgo, dado que ocasionalmente un mismo proyecto podría incluir más de una ‘función’)

Así, los accesos al barrio, la consiguiente articulación de dos tramas viales (relativamente ortogonal una y orgánica la otra), tanto como el diseño de los desniveles se separan las dos ciudades, fueron abordados con mínimos elementos de calificación (plano de piso, cobertura y equipamiento para juegos infantiles), respectivamente, en los proyectos de Acceso Mompox y Pasillo Huracán. Similarmente, a modo de plazoleta-portal, el acceso Paraguarí previó un futuro equipamiento barrial (dispensario) anexo al proyecto.

En una situación interior, El mirador y gradería Minisantos (desde un equipamiento urbano básico) se enfocó en el rediseño de dos vías de circulación interna, a modo de rótula.

Camino Seguro (no realizado) podría verse complementario al proyecto de Plaza México: el primero propuso hacer transitable (en sentido transversal, por medio de una estructura de andamios) un desnivel entre cauces, mientras que el segundo (parcialmente realizado) buscó habilitar longitudinalmente un trecho del arroyo Antequera mediante terrazas ubicadas a distintos niveles, atendiendo al potencial que ofrece la topografía del lugar.

Tambien calificando desniveles y el plano de piso de Punta Karapá (“el piso del barrio”, según los proyectistas, esta propuesta propuso operaciones en un sector emblemático de la Chacarita. En el itinerario cubierto por este proyecto se ubicó El Agujero de Vysoka (el pabellón de Paraguay). Se trató una intervención en un espacio privado y no público (a diferencia de los demás proyectos de la bienal) pero previsto para ser disponibilizado (como ya ha sucedido) como espacio de uso público para la realización en el mismo de atividades culturales y otras comunitarias en el barrio.

Para finalizar: más allá de la escala muy modesta y del diverso grado de completez de estos proyectos, tal vez el valor de los mismos radique en su condición de “demostrativo”. Calificar e integrar dos sectores escindidos de la ciudad (de la sociedad finalmente) no radicaría (no solo) en los recursos, sino la voluntad de imaginar otras realidades factibles.

O incluso -analizada la relación costo/beneficio- estos proyectos tal vez habiliten -mutatis mutandi- la glosa del título de aquel film: “Amanece, que no es poco”.

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